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domingo, 25 de octubre de 2015

Presentación


Hay diferentes situaciones en la vida del individuo que son especialmente apropiadas para lograr una nueva perspectiva sobre la propia existencia. Es cuando el contenido de lo que experimentamos adquiere una mayor relevancia y las relaciones se aprecian con mayor proximidad. Eso es lo que en los últimos meses estoy atravesando y lo que no me quiero perder mirar con detenimiento. Me explico...

Hace unos meses sufrí una recaída de una insuficiencia cardíaca que me llevó a un estado de agotamiento físico y mental importantes, hasta el punto de reducir mi actividad cotidiana a mínimos. Si tuviera que ponerle números, por debajo de un 30%, lo que supone mantener el organismo bajo mínimos en sus funciones vitales y con la aparición de diferentes síntomas: edema, dificultad respiratoria, digestiva, mareos, etc., y una reducción considerable de la actividad psíquica, con poca tolerancia a la atención y lectura. Incluso con una ligera pérdida de memoria. Esta situación provocó en sus inicios tres visitas a los servicios de Urgencias. Una vez pasados estos meses estoy más o menos estable, a la espera de un implante desfibrilador cardíaco (DAI).

Todo ello me llevó, y todavía en cierto grado, a prácticamente no moverme del sofá durante el día y eliminar todo tipo de actividad, no solo la laboral, sino los compromisos personales, sociales y políticos en los que participaba. Me vi quieto y “viendo pasar la vida”. Tuve ocasión de contemplar que los acontecimientos sucedían sin mi participación, los acontecimientos se sucedían sin yo intervenir, y dándome cuenta que nadie es imprescindible para que todo siga como hasta ahora. Proporcionándome una cura de humildad a mi ego al ver que no podía dejar mi huella en los acontecimientos cotidianos, muchas veces para adquirir una parcela de poder y autoimportancia. Ya lo decía Miguel Delibes:

Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.

Aunque lo sepamos, pocas veces tenemos ocasión de verlo con esa contundencia. De hecho, como individuo de mediana edad, me sentía como aquellas personas muy mayores que aparecen en los bancos de los parques y que han dejado de actuar, para solo estar presentes con su mirada y compañía. Así lo experimenté. Ni que decir tiene que vi mi vida en riesgo, ante las sensaciones físicas que percibía, y claro pensé en la muerte.

¿Por qué “Procesos de Vida, Procesos de Muerte”? , precisamente porque me doy cuenta que en mi situación están presentes los dos procesos. Y lo más interesante que estoy descubriendo es que ambos son compatibles para vivir el día a día de una manera saludable psíquicamente, con mayor entereza, fuerza y situándome delante de los acontecimiento con mayor integridad. (Tendré ocasión de expandirme en este blog para ver como llegué hasta aquí). Además me he dado cuenta que cada uno de los procesos, hacia la vida o hacía la muerte, no es tan distinto de lo que cada uno está experimentando en su propia existencia, si la miras un poco más profundo.

Así mi “Proceso de Vida”, en esta situación de enfermedad, me está sirviendo para realizar los cambios necesarios para estar más satisfecho de mí mismo, para seguir desarrollándome y continuar expandiéndome como individuo, viendo muchas cosas con mayor claridad. Mi “Proceso de Muerte” para tener en cuenta lo imprevisible de mi propia muerte, como la de todos, ver “cómo me encuentro” frente a la muerte si tuviera que afrontarla en un futuro, como todos, y ver si la vida que tengo a mi disposición en cada instante y en mis relaciones estoy dando mi mejor versión.  Y al mismo tiempo ver que también hay algo que muere y algo que renace en mi manera de “ser y estar en este mundo”. Quiero decir que la vida y la muerte de alguna manera la podemos encontrar en cada instante: al inspirar y espirar, cuando iniciamos y acabamos una labor, cuando nos separamos de alguien, cuando nos levantamos o acostamos, etc.

Y lo que he encontrado, y que en definitiva me ha empujado para compartir este blog, es que en medio de estas situaciones complicadas tenemos en nuestras manos dos opciones:  o sentirnos “débiles”, hacernos menos de lo que somos, “inferiores”, como si fuéramos victimas del destino; o  bien tomar “control” y “empoderarnos”. Encontrar en nuestro interior los recursos y habilidades necesarias para sacar la mejor versión de uno mismo. Pero para ello no voy a proponer un curso de autoayuda en situaciones de urgencia médica, ja, ja,  sino que trataré de compartir aquello que voy descubriendo y realizando a lo largo de mi particular proceso, con la idea y demostración de que es posible caminar la vida y la muerte con la máxima integridad y empoderamiento que uno es capaz de realizar, sin que la complejidad de lo que uno viva le amedrente.


Por último, antes de acabar esta presentación no deja de llamarme la atención de cómo somos los humanos: no hay nada como el nacimiento y la muerte para ver que los seres humanos somos iguales, lo que sucede en medio es cosa nuestra. Veremos entonces como los sucesos podemos manejarlos aplicando el sentido común y la honestidad.







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