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lunes, 21 de marzo de 2016

¡Derrotado! Detrás de las apariencias.


Hace unos días me di cuenta que detrás de mí inactividad física, de mis largos descansos, de la inercia de no hacer nada, con la excusa de que “estaba enfermo”, había una actitud de derrotismo, de darme por vencido. Veremos aquí que significa todo esto para mí. En los acontecimientos que creía controlar se había colado una actitud de no hacer nada. Pensaba que no podía hacer nada por mi parte y con esa pasividad estaba representando un “darme por vencido”. Pude ver que había caído en una especie de vacío, en una sensación de dejar que las cosas ocurran y “verlas venir”. Algo inhabitual en mí ya que casi siempre procuro estar ocupado.

Nos podemos sorprender, si miramos con honestidad, cuando describimos a otros cómo nos encontramos. A menudo les decimos alguna palabra que sea aceptada por el interlocutor y nos traiga alguna ganancia, como cómplices para seguir manteniendo su aprobación y sentirnos apoyados emocionalmente. Si expresamos que estamos “deprimidos”, esperamos atraer la atención y nos dedique más tiempo. Si expresamos que nos encontramos “bien”, puede indicar que no queremos preocupar al otro, o simplemente nos queremos abrirnos a él o ella. Y esto no es más que un grado de automanipulación, dejando de ser nosotros mismos para convertirnos en personalidades un tanto esquizofrénicas; ahora deprimidas, ahora bien. Pero si miramos un poco más a fondo, evitando el autoengaño, indagando meticulosamente, veremos que hay todo un mundo dentro que podemos explorar si hacemos un poco de introspección.

Y lo que encontramos tiene que ver en cómo hemos interpretado algunas situaciones, de nuestra visión errónea de las cosas, o en el valor que le hemos dado a los acontecimientos. En definitiva de aquel sistema de creencias que nos hemos creado y en el cual se basa nuestra existencia. En muchas ocasiones sin darnos cuenta como hicimos esa programación mental, ni cuando lo llevamos a cabo. Es curioso observar que siendo algo que lo hicimos para nosotros mismos no vemos que estamos fuera de control, siendo arrastrados como parte de nuestros impulsos automáticos. Por ejemplo, hace unos dos meses que me implantaron el DAI  y la recuperación va más lento de lo que imaginaba. Primer error, imaginar que las cosas van a ir de determinada manera, como la esperanza de que todo irá bien, sin considerar que pueden aparecer imprevistos, y que la vida está aquí en cada momento, y no en lo que “nos gustaría que sucediese”, sino lo que en la realidad ocurre. Uno espera y calcula como “deberían ir las cosas", y cuando no es como habíamos esperado aparece la decepción. A pesar de que los médicos me avisaron que cada paciente tiene una respuesta diferente dependiendo de cómo llegó a la situación del implante del dispositivo. Unos notan un gran cambio en sus actividades cotidianas, y otros, aunque el funcionamiento del corazón mejora con la sincronización, no se produce un cambio físico espectacular, este último es mi caso. Por lo tanto yo me hice la idea que sería de esos que notarían un cambio espectacular, y eso no se está dando, por lo que todo lo que me había creado se vino abajo, experimentando una decepción.

Así que en este post quiero indagar sobre “lo que en realidad se esconde” en mi mente en esta situación de verme decepcionado/derrotado en mi proceso del implante del DAI y como puedo revertirlo hacia una vida más plena. De hecho se trata de descubrir la causa de mi inercia y desgana por moverme, y de cómo producir un cambio en mí. En primer lugar quisiera realizar una apreciación y es que en muchas escuelas de conocimiento y tendencias psicológicas se habla de la influencia de la mente sobre el cuerpo físico, y se descarta la influencia del estado del cuerpo físico sobre la mente. Quiero decir, que así como hay numerosa bibliografía sobre el significado psicológico de las enfermedades. Aún recuerdo el primer libro que leí sobre estos temas hace más de 30 años, La enfermedad como camino. Allí los síntomas se revelan como manifestaciones físicas de conflictos psíquicos y su mensaje puede descubrir el problema psíquico de cada paciente. Sin embargo es sabido que un déficit de determinados neurotransmisores produce problemas mentales, como por ejemplo la serotonina que interviene, con otros conocidos neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, en la angustia, ansiedad, miedo, agresividad, como en los problemas alimenticios. Aunque aquí también nos podemos preguntar ¿qué es primero el huevo o la gallina? Pero está comprobado que no todas las enfermedades o estados mentales son de origen psíquico, sino que un exceso o defecto de elementos químicos causan infinidad de reacciones cognitivas y/o emocionales, por lo que en algunas ocasiones es necesario descartar cualquier patología neurológica ante un estado mental. Digo esto porque a veces intentamos buscar el significado esotérico de un estado mental y simplemente es un problema químico.

Dicho esto y continuando sobre el tema de sentirme sin ganas de hacer nada, en una inercia de inactividad, he podido encontrar que me había dado por vencido, “derrotado” en lo que había considerado como una nueva batalla por mi salud. Viendo que los cambios físicos no eran los esperados, y que no recuperaría mi ritmo anterior. Es curioso pero esa batalla por mi salud no la había visto hasta ahora, y no porque no hubiese pensado en la muerte (ya hable de ello en este post) sino que al situarlo como una lucha, no había visto que en realidad la lucha era entre mi cuerpo y mi mente. Entre la vitalidad física y el deseo de mi mente. De no aceptar el ritmo que me imponía mis limitaciones físicas y el deseo de mi mente por querer moverme como antes. Sin darme cuenta que quien se encuentra derrotado son mis expectativas, mis creencias de cómo deberían ir las cosas. Mi atención estaba situada en las expectativas, y no en saber escuchar mi cuerpo y acompañarlo pacientemente en su proceso de recuperación. De hecho mi cuerpo es real, está aquí, puedo tocarlo y ver sus ritmos y movimientos. En cambio había optado por aferrarme a mis creencias, a una idea de cómo deberían ser las cosas, creando una realidad paralela que estaba viviendo “como si fuera real”. En cambo la realidad física es tozuda y siempre nos lleva a lo concreto de la materia, chocando, generando conflictos o haciendo rectificar a nuestro mundo mental, si es que no queremos vivir dentro de una paranoia.

En este proceso de introspección surgieron varias palabras que me ayudaron a verlo: indiferencia, contrariado, decepcionado, escéptico, desengañado, pasividad. Todas ellas como el hilo conductor que me llevaron a sentirme “derrotado”. Entonces me puse a buscar que palabras podría utilizar para hacer de esta situación una vivencia plena, realizar un cambio dentro de mí mismo donde yo pudiera crear mi propio destino de manera consciente, decidir quien quería ser, en que me quería convertir. Así surgieron las palabras integración, iniciativa, participación y compartir.

Ahora se trataba de dar contenido a esas palabras y de cómo las quería vivir. Y esto es lo que encontré: Integración: se trata de poner mi cuerpo físico como centro de la situación, de manera que mi mente acompañe a lo que me está sucediendo a nivel orgánico, sin añadir pensamientos y/o creencias que me separen de la realidad. Es decir, no especular sobre mi futuro, vivir la realidad presente aquí, no imaginar escenarios, sino darme el acompañamiento a través mi consciencia, encontrar la satisfacción de mí mismo por lo que soy. En definitiva bajar la mente a lo físico y disfrutar de ello. Poder asumir la respuesta de mi organismo en cada momento sin que se vea alterada mi mente. Y eso significa entender que la vida soy yo en cuanto a lo que me permito pensar, hablar, actuar y decidir en cada momento.

Iniciativa: se trata tanto de moverme más físicamente a través de ejercicios adecuados, por ejemplo el katsugen,  como la de relacionarme más con las personas de mi entorno, pareja, familiares, amigos, salir de mi “zona de aislamiento”, retomar la escritura (como ahora aquí, lol), continuar con mis estudios de inglés, establecer relaciones cordiales, etc.
Participación: Tomar parte activa en los ámbitos en los que me relaciono tanto personalmente como en redes sociales o diversos foros. En definitiva hacerme más presente allí donde formo parte.
Compartir: En la línea de lo ya expresado arriba sobre la iniciativa y participación, hacer a los demás parte de mí, sabiendo que no soy un ser aislado sino que mis pensamientos, acciones y decisiones, también tienen una resonancia en mi entorno. Y eso en la práctica significa no protegerme con una coraza o “resguardarme de quien soy”, por miedo a lo que dirán los demás, o por miedo a no ser entendido. Sino exponerme, expresando lo que hay dentro de mí, libre de prejuicios autolimitantes.

Veamos entonces, pasar de sentirme derrotado:
derrotado -da
fam. Deprimido, sobrepasado por los acontecimientos traspasar el límite de la tolerancia.
A decidir cómo quiero vivir a través de las palabras: integración, iniciativa, participación y compartir.


Gracias!






3 comentarios:

  1. gracias por compartir Alfonso! avanti!

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  2. !Hola! Gracias por tus palabras !También me he dado cuenta que, lo que compartes, esos pensamientos, los he tenido en algún momento. Cuando se presenta algún malestar emocional o físico. Es como si quisiera que alguien me compadezca o me diga lo quiero oír para sentirme bien en lugar de tomar mi propia dirección y cambiar todo lo que pasa en mi cabeza o en la mente. Pero he optado por no compadecerme y que no me compadezcan. Me entretengo con actividades que me hagan sentir viva, porque si estoy viva es lo único que debe importarme. !NADA MAS! Me gusta reír muy a menudo y hacer de mi vida algo muy útil para mi y para los que me rodean. Una palabra amable, una sonrisa y entonces veo la reacción en los que rodean y me doy por bien servida.

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  3. Gracias Alfonso por tu asistencias directa y clara Saludos

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